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Vivir con criterios de Amistad


15 Febrero 2023

Todo ser humano crece y se desarrolla en la amistad, «vivir sin amigos no es vivir» (Cicerón). Por eso, este famoso orador romano (106-43 a. C.) decía: «La amistad es un acuerdo sobre las cosas divinas y humanas con benevolencia y amor». San Agustín de Hipona, varios siglos después, subrayaba esto mismo: «Donde hay benevolencia hay amistad».

La amistad es el gozo de estar juntos… porque se llega al corazón del otro cuando recorremos el camino del amor entregado y generoso, expresado en todas las dimensiones de la persona.

Cuando la entrega es sincera, sentimos la exigencia de amar y ser amado, desde la gratuidad y la disponibilidad para preparar el espacio y entregar el tiempo, en una actitud de servicio. José Luis Martín Descalzo recordaba que en la amistad encontraremos razones para vivir, para el amor, para la alegría, para esperar… porque creemos en el otro…, porque en la amistad no hay límites, pero si un compromiso estable para mantenerse en fidelidad y permanencia.

Ya consideraba san Agustín que en el ser humano no hay nada agradable sin gente amiga. En este proceso es necesario estar cerca y, a la vez, saber apartarse, para vivir siempre en una libertad habitada por dentro, para diseñar nuestra propia identidad.

La amistad no es exclusiva, sino, al contrario, abierta y comunicativa, pues nos lleva a ser para los demás y con los demás.  El corazón se llena de nombres cuando la amistad es madura y abierta. Ya lo recordaba Martin Buber cuando escribe que el «yo» y el «tú» se confunden en el «nosotros» y la esencia de la amistad radica en confiarnos al amigo desde dentro, al modo como Dios nos conoce: «tú me sondeas y me conoces» (cf. Sal 138). La amistad apunta siempre hacia adelante, hacia el Reino.

Ninguna amistad nos llena del todo, somos siempre un misterio porque «la esencia de la amistad consiste en acoger lo infinito en lo finito» (Ladislao Boros). Lo que sí podemos afirmar es que la fuerza de la amistad tiene más vigencia que todas las dificultades que podamos encontrar, porque «donde hay amor no hay temor» (cf. 1Jn 4,18).

Que, como Francisco y Clara en su tiempo, construyamos amistad en la diversidad y ampliemos el espacio de nuestra tienda (cf. Is 24,2-4).

 Fray Seveviro Calderón Martínez