Cuando ya nos hemos incorporado a nuestra vida diaria, tras las fiestas navideñas, acoger lo cotidiano en nuestra vida lleva consigo atender al lugar donde se revelan todas nuestras fuerzas y nuestras debilidades; sin embargo, es en la Navidad y en la cotidianidad donde se manifiesta nuestro carisma de la Orden de Frailes Menores, pues ambas realidades van unidas en la familia franciscana.
Rememorar complementa la experiencia del presente. En los escritos de san Francisco de Asís se ve la fraternidad como un camino de vida samaritana. Nunca se evitan las acciones fraternas y solidarias, aunque la cotidianidad nos convulsione a veces.
Karl Barth aconsejaba leer la Biblia y el periódico todos los días; para este teólogo alemán:
hablar «con la Biblia en una mano y el periódico en la otra» significaba: «Arrojar luz sobre lo que ocurre a diario».
No podemos caminar hacia Dios evitando el mundo; es decir, no podemos pretender la perfección considerando la naturaleza divina como opuesta, irreconciliable o en otro lugar. Considerar la espiritualidad como herramienta para evitar las dificultades o tribulaciones de este mundo, cuando es un camino de vida, sería una mala estrategia.
Suzanne Giuseppi, franciscana seglar, formula que
«en la masa de lo cotidiano subirá la levadura de la gracia»
el papel de la levadura es esencial, pues Dios da a nuestra vida esponjosidad y plena dimensión espiritual.
Si ampliamos nuestra mirada vemos que el marco de nuestras acciones es el mundo, donde estas se realizan en el tiempo. La vida cotidiana contiene nuestro pasado, nuestro presente y prepara nuestro futuro. Es el punto de partida de todas nuestras experiencias.
La vida cotidiana no es sinónimo de rutina ni de otros inconvenientes, acoger lo cotidiano en nuestra vida exige valor. Requiere que no rehuyamos el encuentro, sino que aceptemos y escuchemos nuestra vida; requiere vivir el momento presente, aquí y ahora, además de aceptar el fondo de uno mismo para recoger nuestras experiencias y clasificarlas, para discernir los frutos que hemos de extraer, esperar o desear.
En las dificultades, caídas y parones podemos ver oportunidades para descansar bajo la mirada de Dios y así poder continuar caminando por la vía del Evangelio.
Fray Severino Calderón, ofm
Bitácoras