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Hojas guadalupenses en la Pasión del Señor


18 Abril 2025

¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor, en fruto.
¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza!.

En las afueras la ciudad, en los adentros del corazón, ante nosotros, se alza este árbol de salud. No tiene raíces pero está clavado en tierra. Carece de ramas pero extiende dos brazos para abrazar el mundo. Desnudo de hojas mece en su copa la sentencia de la historia: ‘Jesús Nazareno, Rey de los Judíos’… Es verdad: “Jamás el bosque dio mejor tributo, en hoja, en flor, en fruto.”

Jesús, la Palabra de Dios rota, se deshoja gritando esperanzas a su Padre. El Nazareno, Hijo de Dios y del Hombre florece regalando un perdón a manos llenas a base de estar crucificadas. El Rey de los Judíos, por el fruto bendito de su entrega, derriba para siempre el muro que divide a los hombres, el pecado… Sí, “jamás el bosque dio mejor tributo, en hoja, en flor, en fruto.”

“Dolido mi Señor por el fracaso
de Adán, que mordió muerte en la manzana,
otro árbol, señaló, de flor humana,
que reparase el daño paso a paso.”

Contemplemos la lozanía de este árbol: “otro árbol, señaló de flor humana”. Este árbol en el que Jesús abraza el culmen de su misión como hombre y como Hijo. No se puede amar tanto, porque amar es darse y darse es entregarse, entregarse es olvidarse de sí, es dejarse llevar hasta una muerte, y una muerte de cruz, porque el límite del amor es un amor sin límites.

Adoremos la misteriosa belleza de este árbol: “otro árbol, señaló de flor humana”. Este árbol en el que Jesús se derrama como un río de misericordia. Misericordia que alegra, inunda, riega, la ciudad de los hombres y mujeres con esa paz soñada, sueño roto de cada generación, esperanza cierta de los cristianos, paz ganada por un Jesús desarmado de poder, odio, venganza… Victoria de este Hijo que cree confiadamente en el amor de su Padre, Dios.

Bendigamos, besemos y bebamos este árbol: “otro árbol, señaló de flor humana”. Sí, besemos y bebamos de este árbol de la vida y del bien, donde, del costado abierto de Jesús, se abre para siempre el río de la gracia, la fuente de la vida, el cauce de la compasión, el manantial de la fraternidad, el pozo de la ternura divina desvelando el secreto de una humanidad nueva, reconciliada, peregrina hacia la Pascua eterna.

Al pie de este árbol de cruz, una Mujer hecha Iglesia, una Madre nazarena, una Virgen morena, transida de dolor ofrece su perdón con el del Hijo, por todos los hijos de la historia, regando con su llanto de esperanza las dudas de los tiempos, anclando su corazón a las promesas de su Hijo en el presente eterno de Dios: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

Con Santa María, Madre tuya y nuestra de Guadalupe,
hoy queremos, Señor Jesús, en este Viernes Santo jubilar
aprender a creer, volver a esperar y empezar a amar, contemplar, adorar, bendecir y besar este tu árbol santo,
y rezar con toda la Iglesia:

Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos,
pues por tu santa cruz, redimiste al mundo. Amén.

Fray Vidal Rodríguez López ofm