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Un agua de cuaresma para una cuaresma de aguas


26 Febrero 2023

Una cuaresma de elementos para una cuaresma elemental. I domingo de Cuaresma.

La boca pide agua y la Iglesia, cuaresma. El cielo reza nubes y el hambriento, panes. La tentación pone piedras y Jesús se dispone a dejarse llevar al desierto (Mt 4, 1-11).

El Maestro pone tierra por medio y se adentra con el viento en contra en el desierto, sin pozos ni cisternas, sin fuentes ni torrentes.  El sol hace llorar a la frente gotas de agua salada. Agua destilada del humano vivir, del vivir de frente ante la gente. Lágrimas que dicen del hambre de la sed de vivir. Sudor que mana de la sed del hambre de Dios de los pobres. Jesús tiene hambre del hombre y sed de su Padre, Dios. Porque es lo uno y lo otro, hombre y Dios, se va al desierto cuarenta días y con sus cuarenta noches.

Va al desierto donde no hay tahonas provistas, ni pozos donde abrevar el alma. Todo le sobra, porque todo lo necesita. Todo le tienta y ante todo tiembla. Todo le habla y él no se calla… Él es la Palabra de Dios, por fin dicha, en la plaza desierta de este mundo habitado por ocupas ocupados en desahuciar, por falta de pseudomilagros, a Dios, su creador.

Jesús sabe porque aprende de la sabiduría de los sencillos, de la maestría de los vencidos, de la ciencia de los que logran perdonar… Sin agua, Jesús sabe que no se pueden amasar piedras para que se conviertan en panes. Sin agua, Jesús sabe que no se puede volar sin tropezar en la trampa de salvarnos a solas. Sin agua, Jesús sabe que no se puede apagar la tentación eterna de jugar a ser dioses ante los demás. 

El Maestro sabe “do mana el agua pura, entrémonos más dentro en la espesura”[1]. Jesús entra en el desierto, en la espesura desnuda del ser hombre. Prueba la sed y el hambre del humano vivir y vive la tentación eterna de desfacer entuertos a voces y a palos, con violencias y guerras…

Jesús prueba la tentación, pero se crece y vence: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Jesús es atenazado por la tentación de hacer llover sin nubes, de excavar un pozo sin manos, de vivir como si Dios no existiera, pero sentencia: “No tentarás al Señor, tu Dios”.

Jesús, al fin, tras los cuarenta días en el desierto, sintió hambre del hombre y sed del Padre. Nosotros iremos por la cuaresma “de noche iremos, de noche / sin luna iremos, sin luna / que para encontrar la fuente / sólo la sed nos alumbra”[2]. Sí, iremos, y al final de la cuaresma que empezamos, sentiremos hambre de paz y sed de pascua. La tentación es tan nuestra como la sed al desierto, pero Jesús, paz y pascua,  es tan nuestro como el agua al alma de quien ama.

Un agua de cuaresma para una cuaresma con agua… En fin, una cuaresma  de elementos, para una cuaresma elemental.

Fray Vidal Rodríguez López ofm 

[1] San Juan de la Cruz, Cántico espiritual, Canciones entre el alma y el Esposo, n. 34.

[2] Luis Rosales, Nuevo retablo de Navidad, II De como el hombre que se pierde llega siempre a Belén, en Cuadernos Hispanoamericanos, n. 84, diciembre, p. 356, Madrid 1956.