Atiende, escucha, dime Fray: ¿Qué es la cuaresma? La cuaresma es un pentagrama para los sentidos.
Toca la cuaresma, Fray: La cuaresma ha tocado la puerta de su puerto, la Pascua, con el mascarón de proa de la cruz. Ahora que ha tocado tierra, la Iglesia, se descalza de sal y se lava la cara con agua de cerámica jofaina. El beso dulce del líquido fresco en el rostro, despierta las legañas del mareo del desaguado viaje penitencial de viacrucis, ayunos, oraciones y limosnas…
Al llegar, hay que aldabear el aire y allegarse con el Maestro. Buscar a un hombre con alma de cántaro que nos muestre una sala en el piso superior, grande, lista y dispuesta (Mc 4,12-15).
Jesús toma el pan ‘con sus santas y venerables manos’ y lo besa pronunciando la acción de gracias a su Padre y lo tronza con las manos, partiéndose a sí mismo y da de sí, sin medirse, sin límite ni linde:
“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.” (Jn 13,15)
El Maestro no mide las copas y el vino se desborda, derramándose en manteles de verduras amargas y cordero pascual. Un amor tinto de uvas corre por la mesa en una derrama de perdón desangrado por todos: “pro vobis et pro multis” (Mt 26,28). El Señor nos ha tocado el alma con aquel bocado de amigo, con esta copa de amor, cáliz de vino.
Jesús apenas ha tomado bocado y sale desbocado hacia el Monte de los Olivos. Allí en su natural querencia, reza sudando lágrimas bermejas, gotas de mosto carmesí que tocan la tierra (Lc 22,44) sembrando nuevas cepas… “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos” (Jn 15,5).
Pero, tal como hoy, tocan a guerra los tambores de las sombras. Desalmados pertrechados de palos y armados espadas, alumbrados de teas de resina y antorchas de alquitrán, vienen a tocar, a besar al Maestro, ciegos de luz, a echarle mano, a prenderle por fin.... Él estaba a la vista, atrincherado de la oración, refugiado en el bunker de ese cáliz angélico que quisiera dejar pasar(Lc 22,43), pero que no puede dejar de amar: ‘Ya no guardo ganado, ni ya tengo otro oficio, que ya sólo en amar es mi ejercicio’ (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico Espiritual).
El sentido de la cuaresma, es una cuaresma de sentidos.
Toca, Fray, la cuaresma:
Toca esta cruz de leño fresco de cipreses:
“Enhiesto surtidor de sombra y sueño”.
Toca tu miedo, Fray, que también es mío:
“que acongojas el cielo con tu lanza”.
Toca este manadero de luz, de sangre y agua:
“chorro que a las estrellas casi alcanza”.
Toca la cándida cordura del Cordero:
“devanado a sí mismo en loco empeño”.
Toca el perdón total ganado en la cucaña:
“mástil de soledad, prodigio isleño”.
Toca la caridad respirando vida por la herida:
“flecha de fe, saeta de esperanza”.
Toca, Fray, a Jesucristo en cruz: altar de paz, salmo de salud, canto de Pascua.
“Cuando te vi señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales.”
(GERARDO DIEGO, El ciprés de Silos)
Fray Vidal Rodríguez López
Bitácoras