Nuevo libro franciscano

El libro que presentamos relaciona la cuatro afirmaciones básicas del Padrenuestro con la estructura del Cántico del Hermano Sol, afirmaciones que abarcan la salvación para toda la creación, para la persona individual y la colectividad humana: 1.- Dios es quien crea, recrea y salva y, por consiguiente, a Él se dirigen la oración de Jesús y el Cántico de Francisco (Lc 11,2; Mt 6,9-10; Cant 1-4). 2.-  El pan dice relación a los cuatro elementos que hacen posible la vida según las culturas de todos los pueblos: sol, aire, tierra y agua (Lc 11,2; Mt 6,11; Cant 5-23). 3.- El perdón debe presidir siempre la convivencia humana para que sea pacífica y defienda y desarrolle la vida (Lc 11,4; Mt 6,12; Cant  24-25). 4.- Atender al poder diabólico que transmiten las culturas y que destruye y mata la vida (Lc 11,4; Mt 6,13; Cant 26-30).

El Padrenuestro y el Cántico incluyen, por consiguiente,  toda la salvación cristiana, que tiene su origen y raíz en Dios Padre. La madre tierra debe aportar el pan necesario, es decir: la alimentación, el trabajo, la formación y la salud prometidos por Dios para la vida continúe adelante: «Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios; en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza de que la creación misma sería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto» (Rom 8,19-22). El perdón, nacido de la bondad misericordiosa del Señor, lo vehicula el creyente para que se puedan establecer las relaciones humanas en la defensa de la dignidad para todos los pueblos y alcanzar  la justicia, la libertad, la convivencia democrática, etc. «Acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete (Mt 15,21-22).  También hay que atender los ataques que provienen de la naturaleza creada, de las enfermedades, de la potencia del mal, la violencia humana, etc. que muchas veces superan nuestra capacidad de defensa y de control. Pero Pablo defiende que si no nos separamos del Señor «vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor (Rom 8,37-39).

Fr. Francisco Martínez Fresneda, OFM

Ediciones franciscanas Arantzazu

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